No cabe duda que la educación musical juega un papel fundamental en la formación integral del individuo, ampliando su percepción general, visual y auditiva, favoreciendo el aprendizaje y la vivencia de las emociones, el desarrollo físico y la capacidad creadora. Por eso ha sido un gran acierto introducir la música en la escuela, acercando el hecho musical a todas las niñas y niños, con el objetivo de desarrollar sus capacidades, sus conocimientos, hábitos y habilidades, permitiéndolos que tengan una valoración del mundo musical a partir de la experiencia directa. Con el canto, los ritmos, la expresión corporal, la creación, la apreciación y el análisis de obras musicales o la ejecución de instrumentos sencillos de fácil manejo que los posibilita hacer música de una manera viva y creadora.

Pero no es de la música a la educación infantil, primaria o secundaria del que quería hablar ahora mismo, sino de la otra derramando de la educación musical, que es la enseñanza/aprendizaje de un instrumento, aquello que aquí a nuestras comarcas se ha hecho desde siempre en las escuelas de educandos de las bandas. Los niños se ponían a la cola para decir la lección de *solfa y aprendían a tocar la trompeta, el clarinete o la caja de alguno de los músicos que tocaban en la banda, en un aprendizaje muy directo, quizás “técnicamente inadecuado” o “poco pedagógico” pero en un contacto personal del maestro y el alumno. Y con un objetivo que estaba muy claro: aprender a tocar el instrumento para entrar en la banda, objetivo que acababa cumpliéndose.

Ahora mismo el profesorado está técnicamente más preparado, tiene título de algún conservatorio y se dedica profesionalmente o semi-profesionalmente a la música. Pero en muchas ocasiones está muy lejos de facilitar aquel contacto maestro-alumno directo, positivo y *facilitador del aprendizaje, perdiendo también la visión global o el objetivo final del aprendizaje de la música y del inicio del contacto con un instrumento.

Cuando un niño o niña de 8, 9 o 10 años empieza a ir a la escuela de educandos -ahora escuela de música- tiene un interés al empezar a aprender a tocar un instrumento -o quizás lo tenga sueño pare o sano madre, que tampoco es un mal principio-. En esta sociedad que nos toca vivir, cualquier alternativa en la ocupación consumista del tiempo se tiene que ver como positiva, y el aprendizaje de la música lo es. Encontrar tiempo para empezar con la música quizás ya sea un éxito personal, familiar y social.

El objetivo inicial tendría que ser introducir el alumno/a en el lenguaje musical, en la técnica del instrumento y en el gusto de escuchar, tocar y hacer música a solas y en compañía… Pero ahora mismo, en las escuelas de música y a los primeros niveles de los conservatorios -que sería el mismo- hace la impresión que tienen como objetivo formar músicos profesionales… Sin pensar que la gran mayoría de alumnos/educandos no van a ser nunca jamás músicos profesionales, a Dios gracias.

Este objetivo oculto de formar futuros músicos profesionales, que no está formulado en cabeza de lugar como tal, complica en gran medida los primeros estadios del aprendizaje. La motivación fundamental, que tendría que ser pasarlo bien aprendiendo música y aprendiz a tocar un instrumento, es sepultada muchas veces con exigencias pedagógicamente imposibles. Porque si es importante aprobar cursos y cursos de música-LOGSE, más importante es encontrarle el gusto y tener la necesidad de tocar.

Cualquier niña o niño que está empezando a tocar solo o en una orquesta no tiene que tener en su cabeza si se volverá profesional, ni tampoco sus maestros a la escuela de música. Tendrían que facilitarle que aprenda a expresarse por medio de la música y le tendrían que facilitar los momentos y las posibilidades de hacerlo toda la vida. Si viene el caso y va eligiéndolo despacio y en su momento, algún forofo quizás se planteo lanzarse a los estudios y en el mundo de la música profesional, como podrá decidir entrar en una facultad de medicina o en un ciclo formativo de electrónica. Pero si ha tenido un buen aprendizaje, la relación con su instrumento, el deseo y las ganas de tocar solo, a la orquesta, a la banda o a la charanga no lo habrán abandonado en toda su vida.

Es por eso que los maestros de las escuelas de educandos -o ahora escuelas de música- tendrían que conseguir que la afición de los pequeños por el instrumento y por la música fuera aumentando despacio, reforzándolos positivamente las pequeñas ganancias que van teniendo y no desanimarlos progresivamente, como algunos hacen con la excusa que ser músico es mucho llevar.

Ser músico profesional puede ser llevar, pero el camino para aprender a estimar la música y el instrumento tiene que ser agradable, facilitando actividades que estimulan su interés, empezando a tocar músicas sencillas y quizás conocidas y divertidas, a solas y en grupo, sin exigir virtuosismo ni perfeccionismo, sino corrección y satisfacción personal.

Así, despacio, irán haciéndose músicos que tendrán toda su vida la música y el instrumento como aliados para su crecimiento personal y no músicos frustrados perdidos en el camino de la perfección que no saben ni donde dejaron el instrumento aquel día que se decepcionaron para no poder o no querer ser ni profesionales de esto ni los mejores del mundo.

Eduardo Hervàs Martínez, Psicólogo.

FUENTE: http://enfamilia.blogia.com/2006/022301-ser-musics-professionals-o-aprendre-a-estimar-la-musica.php