Desde el mismo momento en que te das cuenta de que vas a ser mamá, tu cabeza comienza a preocuparse por cosas que antes no tenían importancia. En ese momento tu vida cambia y pasas a ser una leona al cuidado de su cachorro, la guardiana de su bienestar.

Nos preocupa nuestra alimentación, nuestro estrés, nuestras horas de sueño, una buena matrona, una casa segura… todo lo que pueda influir en nuestro bebé pasa a ser lo más importante.

En estos momentos, tu amor y tu bienestar son el mejor regalo que le puedes hacer al ser que crece dentro de ti. Muchos expertos en neurodesarrollo lo han comprobado. Tu bienestar emocional se transforma en química dentro de ti, empiezas a producir endorfinas y oxitocina, hormonas que contrarrestan el cortisol, sustancia que producimos cuando nos estresamos.

Vivir experiencias agradables, rodearte de belleza y de sensaciones placenteras siempre que sea posible, es una vacuna poderosa. Tu cuerpo va a traducir esas sensaciones en hormonas sanas y positivas, que fluirán por tu sangre, llegarán al bebé a través de la placenta y del cordón umbilical y serán un regalo para su desarrollo psicomotor y emocional.

Además de esto, dentro de tu útero están pasando cosas maravillosas a cada momento, y hacia el cuarto mes comienza a darse la conexión entre el sistema auditivo y el cerebro del bebé. A partir de ese momento, tu bebé te escucha, puedes comunicarte con él a través de los sonidos, con tu voz y con la música.

Por esta razón, en Crescendo trabajamos con la música desde el embarazo. Porque sabemos que estamos aportando bienestar a la madre, seguridad y confianza en sí misma, estimulando el desarrollo cerebral del bebé y nutriendo así la comunicación y el vínculo emocional entre los dos.

Cantar a tu bebé es mecerle en tu vientre, abrazarle con sonidos y decirle que estás ahí para acompañarle, desde el principio de su vida y para siempre.